PUEBLO: SU DIALÉCTICA

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PUEBLO: SU DIALÉCTICA

 

 

Pablo González Casanova

 

20/05/16

 

 

 

1.      Lucha de pueblos y de clases

 

 

 

La lucha de clases corresponde a una categoría muy importante para comprender la dialéctica del pueblo. La definición concreta en que pueblos y clases se comportan es fundamental para el conocimiento histórico, crítico y científico de la lucha en los más distintos países y regiones del mundo. Por análisis concreto de la lucha de clases y de pueblos se entiende aquél que incluye tanto la dialéctica de la explotación como las luchas que la determinan o que determina.

 

No hay análisis social concreto sin análisis de la lucha de clases y de pueblos. Tampoco sin la inclusión histórica variable, destructiva o creadora, de esa dialéctica. El análisis pierde lo concreto en cuanto no se registran las diferentes interacciones o reestructuraciones que las clases y los pueblos hacen y rehacen en sus reacciones o acciones defensivas y ofensivas.

 

Por fenómenos que, además de concretos, son complejos se entienden aquellos en que las relaciones de explotación y las interacciones y reacciones que las acompañan, a más de ser muy numerosas, son objeto de investigaciones y actos que el marxismo y la teoría crítica determinan con la práctica y con el análisis crítico y exegético de la propia teoría.

 

Las clases dominantes, por su parte, y de una manera más acentuada que las corrientes críticas, a más de aprender con la práctica, estudian y experimentan éstos y otros fenómenos mediante investigaciones empíricas, modelaciones, formalizaciones y escenarios, que en la segunda mitad del siglo XX derivan en las llamadas ciencias de la complejidad y de los sistemas autorregulados, adaptables y creadores.

 

 

Conocer y reconocer la base cognitiva e instrumental del capitalismo global, y dejar de pensar que éste es pura ideología, es hoy muy importante para comprender el papel que los expertos desempeñan en quienes toman decisiones y al actuar consideran buena parte de la información que sus “subordinados” les dan. 

 

El conocimiento y reconocimiento de la lucha de clases y de lo que su existencia y cambios implican para la ciencia y la ideología hegemónicas, lejos de conducir a posiciones eclécticas o “distraccionistas” son indispensables para analizar la verdadera historia de la lucha de clases y de aquéllas variaciones reales, en parte determinadas por las interacciones prácticas, políticas y tecnológicas que derivan de las reacciones de las clases dominantes y sus especialistas.

 

Por otra parte desde los análisis concretos de la explotación y de la lucha de clases hay una doble tarea del conocimiento científico y de la teoría crítica. Por un lado exhibir la mutilación que el conocimiento hegemónico hace de la realidad cuando niega o excluye el conocimiento de la explotación de unos hombres por otros, y rechaza o descalifica nada menos que la existencia de la lucha de clases. Por otro lado, no caer en la auto-mutilación de quienes buscando aplicar un conocimiento ortodoxo, excluyen el análisis de las interacciones que, como respuesta, diseñan y experimentan los expertos de la clase dominante con el objeto de alcanzar la máxima efectividad y eficacia en la lucha de clases.

 

Al mismo tiempo que las fuerzas hegemónicas niegan y practican la lucha de clases, reaccionan contra sus efectos y tendencias más adversos y contienen o desvían su curso en todo lo que pueden. Ignorar el efecto de sus respuestas y de las interacciones a que la lucha de clases da lugar pierde en parte o del todo la dialéctica concreta.

 

Es más, volviendo a los conocimientos de las clases dominantes: al no tomar en cuenta la dialéctica compleja, les es muy difícil o imposible comprender la dialéctica concreta que encabezan y a que están encadenadas. A pesar de eso o precisamente por eso trabajadores, pueblos e intelectuales que hacen suya la teoría crítica se ven obligados a dominar buena parte del conocimiento hegemónico con tres fines: 1o. Revelar  lo que las ciencias “normales” o dominantes  ocultan, y los intereses a que sirven, 2o. Enfrentar a sus organizaciones, estrategias  y recursos, y a las mejoras e innovaciones que hacen, con un conocimiento de las mismas que aumente la posibilidad de triunfar de pueblos y trabajadores en las luchas defensivas y ofensivas, de resistencia o rebelión, y, 3o. Emplear o adaptar --de ser conveniente y como sea conveniente-- los conocimientos y técnicas del “enemigo de clase” para enfrentarlos y voltearlos en su contra.

 

2. La lucha de pueblos y los modos de dominación y acumulación

 

 

 

Al acercarnos a la definición de la dialéctica de “los pueblos” y de “el pueblo”, considerando en primer término la lucha de clases en su concreción y complejidad, así como en sus variaciones geográficas e históricas, estructurales y sistémicas, pronto advertimos que es necesario continuar el análisis a partir de los distintos modos de dominación y acumulación. Ese es un segundo y necesario paso.

 

Si nuestro propósito principal no consiste en definir el concepto de pueblo sino la dialéctica de las luchas y organizaciones que vive el pueblo, nuestro referente principal se encuentra en las relaciones contradictorias, sinérgicas o desarticuladas, que en la vida y el trabajo caracterizan al pueblo o a los pueblos.

 

Definir a los pueblos por su dialéctica en el sistema de producción capitalista nos remite necesariamente a pensar en términos de su definición pasada o actual en los distintos sistemas y modos de dominación y acumulación, y a no quedarnos sólo, ni en el “modo de producción” y, ni menos, en el “modo de producción ampliada” del capitalismo con sus trabajadores asalariados y con la plusvalía que los propietarios de los medios de producción se quedan y que les ocultan a los asalariados.

 

La razón de esta reflexión necesaria sobre las categorías que usamos es que si queremos conocer la definición de la dialéctica de los pueblos en el propio capitalismo –ya domine o no a nivel mundial--, nos vemos obligados a incluir, de un lado, las formas de organización, de resistencia y lucha de los pueblos contra el despojo de que los hace objeto el modo actual de acumulación original, o primitivo –también llamado de “des-posesión” y despojo--, y no sólo el modo de acumulación ampliada.

 

Hoy mismo, en el mundo entero, muchos son los pueblos que están sufriendo el modo de acumulación original o por “desposesión” y despojo, en los recientes y crecientes procesos de globalización de las grandes corporaciones y complejos.

 

Si pasar del modo de producción ampliada al modo de producción original es ineludible, pronto advertimos que también es insuficiente. El problema radica en que tanto el modo de acumulación original o primitivo como el modo de producción ampliada sólo se entienden y sólo se precisan en su significado concreto cuando se hacen explícitos los modos de acumulación con los modos de dominación actual, que varían con las armas y estrategias que las corporaciones y complejos emplean, y con el peso que dan y las combinaciones que hacen en las ofensivas militares, combinadas con las ofensivas económicas y financieras, con las ofensivas políticas, ideológicas, psicológicas, sociales, individuales.  Con todas o la mayor parte de ellas, las corporaciones y complejos manipulan la lucha de clases para expandirse. De estas nuevas formas de ataque que combinan las ofensivas políticas, económicas e ideológicas con la lucha de clases son ejemplo los llamados “golpes blandos” que el imperialismo globalizador actualmente fomenta entre agresiones y desestabilizaciones de todo género.

 

 

 

3. La dialéctica y las interacciones, como el determinismo concreto.

 

           

 

            Aquí pasamos a otro nivel de análisis que corresponde a la organización de la lucha de clases y de pueblos por objetivos y valores. La organización de estructuras o relaciones interactivas de sujetos colectivos organizados y no organizados cambia el problema central de la investigación acostumbrada para la dominación y la acumulación. No abandona el problema clásico y central de la causa de los fenómenos pero la pone de lado. En su lugar plantea sobre todo cuáles son las mejores formas de lograr objetivos, intereses y valores, que buscan empresarios y dirigentes.

 

            Los teóricos e investigadores que trabajan directamente con corporaciones y complejos tienen amplios apoyos de sus “fundaciones” o, como expertos y “think tanks”, son parte de ellas. Pero, además, cuentan con un sólido apoyo en las grandes universidades e institutos de investigación superior que producen la llamada “ciencia normal”. Desde ellos, los especialistas de punta seducen a sus epígonos con los paradigmas hegemónicos.

 

            La investigación científica para la dominación, manipulación y acumulación se da a lo largo de la historia del capitalismo. Weber, con sus investigaciones sobre la organización del capital, Comte con las del Progreso, y Durkheim con las de “los seres humanos como cosas”, son algunos de los grandes clásicos de las ciencias sociales hegemónicas. De buena parte se sirven empresarios, burgueses y dirigentes.

 

            Con sus planteamientos teóricos y de “ciencias aplicadas”, empiristas, funcionalistas y estructuralistas son precursores de la investigación por objetivos y de las mejores formas de alcanzarlos. Objetivos en vez de causas se convierten en el problema central a resolver y en cómo resolverlo.

 

Durante la Segunda Post-guerra se crea todo un ambiente de investigaciones en que no se estudian las “causas” sino las correlaciones, las covariaciones; los factores independientes, de pendientes, intervinientes. De esas investigaciones se deriva qué hacer o cuales son las políticas que tienen más probabilidades de éxito en educación, salud, gobierno, administración, organización, producción, publicidad, etcétera. Se trata de investigaciones más directamente ligadas al logro de objetivos. Antes que las causas de un problema se estudian sus soluciones y de éstas las que tienen mayores probabilidades de éxito.

 

            Con el estructural-funcionalismo y el estructuralismo ese método pragmático de la investigación se inserta en lo que Wallerstein calificó como la revolución científica más importante desde la de Newton. El nuevo modelo de investigación avanzó por otra parte con el diseño y uso de sistemas autorregulados, e incluso con los más novedosos o de segunda generación, llamados “inteligentes” porque modifican su conducta para lograr mejor los objetivos que los mueven. El nuevo modelo científico incluyó también a los sistemas complejos, tanto a los emergentes, como a los que están al borde del caos. Es más las fuerzas dominantes se sirvieron de ellos –o de la parte de ellos que les convenía- para estudiar “su contexto” a fin de lograr con más eficiencia sus objetivos de dominación y acumulación.

 

Desde el poder establecido y desde el sistema de intereses y valores que lo mueven, las ciencias de los sistemas inteligentes y las ciencias de la complejidad, y de la autocrítica sistémica, con el fin de corregir errores o de diseñar y escenificar mejores métodos y procedimientos, hicieron del capitalismo corporativo y de sus complejos empresariales, militares, políticos y mediáticos, inmensas fuerzas dominantes, en muchas de cuyas redes quedó aprisionada buena parte de pueblos y trabajadores.

 

 Que esas redes no controlarían las contradicciones del sistema de dominación y acumulación capitalista es indudable. Que una vez controladas las contradicciones con pueblos y trabajadores, estallarían nuevas contradicciones con el Planeta Tierra y con la Vida también es un hecho.

 

Como es un hecho, empíricamente comprobable, que esas y muchas contradicciones más anuncian, sin la menor duda, que el capitalismo sufre una crisis terminal.

 

Pero esas contradicciones necesariamente incontrolables por el sistema capitalista no implican que las contradicciones de la lucha de las clases y los pueblos oprimidos en busca de su emancipación sean blanco de ilusorias y criminales políticas neomaltusianas y de otras más, macro-genocidas, a fin de que –según creen-  durante largo tiempo y en inmensos espacios supuesta y equivocadamente no se destruya el sistema.

 

 

 

4. La dialéctica de las sinergias y las bifurcaciones

 

 

 

De la argumentación anterior se deduce otro nivel de análisis, el que corresponde a la dialéctica concreta en que viven y luchan los pueblos y los trabajadores. Esa dialéctica, por un lado implica el análisis de las interacciones que las luchas emancipadoras provocan en el sistema dominante y en los propios pueblos y trabajadores, y por otro un análisis del mercado y la “moral” neoliberal, como metas ilusorias y engañosas del sistema, en particular del estado, del gobierno y de la sociedad.

 

A la dialéctica anterior se añade la que provocan las distintas políticas sociales del mercado y el estado para mediatizar la lucha de clases y de pueblos. También se añade la dialéctica que genera la violencia y la corrupción universal. En ambas dialécticas el neoliberalismo monetarista es el detonador de la macro-política combinada de la corrupción y la represión de colectividades y personas, así como de otros factores más que demuestran el carácter terminal de la crisis del sistema capitalista, y también de la biosfera si continúa dominando el capitalismo.

 

Antes de abordar esta dimensión es necesario aclarar que desde el punto de vista de los alcances, las limitaciones y las contradicciones concretas del sistema capitalista, éste muestra que ahora no sólo es mundial sino global. La distinción resulta necesaria porque lo mundial apunta al sistema, y lo global a las estructuras y redes de sus corporaciones y complejos.  Distinguir lo mundial y lo global no sólo corresponde a un problema de terminología sino de contenido. Distinguirlo en el momento en que se pasa a este nivel es muy importante, sobre todo porque corresponde a la dialéctica de las sinergias y las bifurcaciones de las redes de dominación y acumulación global que abarcan el mundo entero.

 

La lógica del pensar dominante no logra dar a la moral el peso que le da al mercado y al estado. O mejor dicho, somete el mundo moral al mercado y al poder económico-político, militar y mediático. En el logro de objetivos, la maximización de poder, utilidades y riquezas es, normalmente, excluyente de cualquier otra argumentación que la distraiga o busque complementarla. Su capacidad de negación o descalificación de quienes hablan de moral es tan grande como la que muestra frente a quienes hablan de ecocidio. De la moral sólo acepta la que es leal y obedece a sus mandatos sean éstos o no criminales. Del peligro de ecocidio sólo acepta, en caso necesario, el que puede ocurrir en miles de millones de años o el que se debe a causas naturales, no antropogénicas.

 

El conocimiento científico de su interés es el conocimiento por objetivos. Corresponde a un problema técnico cuyas soluciones son económicas, militares, políticas, administrativas, informáticas y de organización, así como de escenarios estrategias y tácticas. Con un realismo pragmático de alto nivel el capitalismo corporativo utiliza cada vez más las ciencias y las tecnociencias para lograr la máxima sinergia o confluencia de sus organizaciones, y el mayor número posible de bifurcaciones y divisiones en la población a la que busca dominar como trabajadora o consumidora, y desde luego a la que sea actual o potencialmente opositora.

 

A la mayor sinergia o junta de fuerzas propias, o con un objetivo común, corresponde el complejo empresarial-militar-político-y mediático que articula a las corporaciones, a los ejércitos, a los gobiernos y los “medios”. El instrumental técnico o el medio que para ese efecto usa está relacionado con las ciencias de la comunicación, de la información, de los mensajes y de la organización. También con las ciencias de los sistemas inteligentes y de los sistemas complejos. Las corporaciones usan, además, su amplia cultura práctica en los monopolios, las multinacionales y transnacionales y la perfeccionan con las distintas combinaciones de los sistemas en red que les permiten maximizar las utilidades con la optimización de salarios bajos, la producción máxima por hombre ocupado, y el intercambio en su favor de insumos y productos. A las articulaciones de nodos que disminuyen costos y de los que aumentan rendimientos por capital variable o constante, corporaciones y complejos añaden las del negocio organizado y el crimen organizado, así como la inversión en paraísos fiscales combinada con la falta parcial o total de pago de impuestos sobre todo a los gobiernos de los países de la periferia mundial.

 

La política de sinergia del gran capital no deja de dar mayor fuerza a la industria militar y a la banca, ni de combinarse con las “guerras a modo”, “reales” y “virtuales”, así como con el terrorismo y el narcotráfico que a más de distraer a los pueblos de otras luchas, le dan millonarios rendimientos a sus promotores y proveedores.

 

De hecho las corporaciones y complejos formales están fuertemente combinados con otros informales e ilegales y con numerosos dirigentes políticos en las distintas escalas, desde los dirigentes de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de los estados soberanos, hasta los de los municipios y localidades. Los vínculos pueden tener un carácter “humanitario” y legitimador o ser parte de la corrupción generalizada.   

 

La dialéctica de la sinergia y las bifurcaciones ha variado desde el liberalismo de la segunda mitad del siglo XIX, hasta el neoliberalismo del XX y XXI, pasando por regímenes de distinta participación política, social cultural y económica como los del “welfare state” o estado de bienestar, los nacionalista-revolucionarios y desarrollistas, e incluso los de socialismo de estado.

 

Las divisiones de los pueblos por estratos, y por la movilidad social horizontal y vertical contribuyeron notablemente a las bifurcaciones de la clase obrera y de los pueblos. Las bifurcaciones de “los de abajo” adquirieron un carácter macroeconómico y macropolítico en que el modelo económico neoliberal y monetarista fue el motor de la corrupción generalizada, consustancial y sistémica.

 

Von Hayeck, Friedman, y los “Chicago boys”, asesores de Pinochet, formalizaron el modelo global de la corrupción generalizada con sus graves consecuencias para la inmensa mayoría de los pueblos y los trabajadores. La fórmula consistió en disminuir los impuestos, en disminuir los ingresos del gobierno destinados a gastos e inversiones sociales, en privatizar las empresas públicas y en hacer de sus productos y servicios mercancías; en empujar a los gobernantes a enriquecerse a cambio de concesiones crecientes a las corporaciones y complejos; en exigir un riguroso equilibrio presupuestal entre ingresos y gastos, por supuesto, controlado por las corporaciones y sus bancas centrales; en debilitar a los gobernantes “progresistas” incapaces de cumplir con sus gobernados carentes de derechos sociales, educativos, asistenciales.

 

El debilitamiento sostenido de los gobernantes –en especial de los socialdemócratas—que para no caer se ven “invitados” e inclinados a debilitarse todavía más con préstamos destinados a la compra de mercancías y servicios, que les venden los prestamistas, de quienes se vuelven eternos deudores que llegan a pedir prestado para pagar el tributo de “la deuda impagable”. 

 

A esas medidas enajenantes se añaden otras más como la prohibición de subsidiar a la agricultura, o los plazos cortos de vencimiento de préstamos que al no destinarse a la capitalización requieren de nuevos préstamos llamados “buitres” por sus costos exponenciales, aún más exigentes.

 

Todo induce a la macro-corrupción de arriba abajo. Crea culturas nacionales de la corrupción que abarcaban desde los altos funcionarios, pasando por los sectores medios, hasta los trabajadores y los pobres entre los pobres. En unos opera la codicia, en otros el temor a ser jubilados cuando carecen ya de seguro social, en otros el hambre o el miedo de tenerla. Y sigue.

 

 

 

5. La dialéctica de colonización y clases.  

 

 

 

En las últimas décadas del siglo XIX las potencias occidentales y los incipientes monopolios y grandes compañías se constituyeron en Nación-Estado y se repartieron el mundo, su mundo.

 

La lucha de clases y de pueblos adquirió nuevas características. De un lado se acentuó el nacionalismo vinculado al poder del Estado y al Gobierno como instrumento de éste. De otro se fue preparando la necesaria guerra como solución de la crisis inevitable. Ésta estallaría en grande cuando los obreros alemanes se enfrentarían con los franceses, y millones de obreros se entrematarían.

 

Sobre el internacionalismo proletario llegó a predominar –impulsado por los gobiernos-- el fervor nacionalista y el culto a la Patria. Los trabajadores revolucionarios chocaron con los del socialismo reformista. Cada quien por su lado, y unos frente a otros, los proletarios fueron cayendo en nuevas bifurcaciones en que cada quien agarraría por su lado. Unos continuarían con la línea revolucionaria encabezada por Lenin en el imperio ruso. Otros se sumarían a Bernstein y su reformismo, más y más bienvenido por los liberales y sus gobiernos. Algunos de éstos concedieron el voto universal a sus ciudadanos y los obreros se fundieron con los ciudadanos. También hubo gobiernos que permitieron el sindicalismo y hasta iniciaron la participación de los trabajadores en el parlamento. Las medidas que tomaron no dieron fin a las posiciones revolucionarias que firmemente continuaron grandes contingentes –aunque divididos entre anarquistas y comunistas--. Dos famosas revoluciones estallarían, una encabezada por los anarquistas en 1905 y otra por los comunistas y por Lenin en l9l7. También estallarían las revoluciones del nacionalismo revolucionario de China y México.

 

En cuanto a la evolución de los pueblos, ya desde unos años antes las grandes potencias habían trazado su política internacional y se habían repartido el continente africano y sus pueblos. Un nuevo colonialismo con los Estados-Nación y las grandes compañías trasatlánticas del creciente capital monopólico, inició el culto al orgullo de las grandes potencias y de su papel en la historia humana. Se vanaglorió de encabezar la civilización entre los pueblos bárbaros y salvajes. Heredero del viejo colonialismo, más que recurrir a la propaganda fide y a la lógica religiosa de una “guerra justa” se presentó como el prototipo del hombre del futuro, y el portador de la Modernidad y la Civilización. Los imperios orgullosamente se llamaron imperios. Los trabajadores metropolitanos, en su inmensa mayoría, en nada sintieron parecerse a los trabajadores negros africanos o a los indios latinoamericanos, o a los andrajosos chinos y otros amarillos trabajadores asiáticos. Muchos trabajadores ingleses, franceses o europeos, cuando iban al África, o a América Latina, o a China mostraban el orgullo de ser ingleses, franceses, belgas, holandeses o angloamericanos. La diferencia de nacionalidad llegó a anular completamente la igualdad de clase. No sería sino hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial y la Postguerra cuando se iniciaría un nuevo internacionalismo revolucionario de trabajadores y de pueblos metropolitanos y coloniales, no sin resabios colonialistas como en Argelia. Desgraciadamente, desde los sesentas y setentas la involución de la solidaridad entre muchos pueblos y trabajadores del mundo llevaría a la restauración del colonialismo como explotación y autoritarismo de unos africanos, latinos y asiáticos por otros africanos, latinos y asiáticos, fenómeno fuertemente alentado por el imperialismo y más tarde por la globalización y por la restauración del capitalismo en el campo socialista.

 

A tan dramática historia cabe añadir las dificultades que en una etapa anterior lograron superar desde Carlos Marx hasta Rosa Luxemburgo y Vladímir Ilich Lenin. Posteriormente las superaron muchos marxistas revolucionarios más, que siguieron pensando en términos de una Revolución Mundial, pero de otra revolución, enriquecida por las experiencias anteriores y capaz de enfrentar la situación actual en sus metas, formaciones, organizaciones y estrategias de lucha.

 

En todo caso, el problema colonial siempre resultó difícil de resolver para el pensamiento marxista, que en sus orígenes estuvo más bien centrado en la lucha de clases que en la de pueblos o en la de ambos a la vez. Si Marx tomó claras posiciones a favor de la independencia de Irlanda, y Rosa Luxemburgo hizo un impresionante y riguroso análisis a favor de la independencia de Polonia y en contra de la intervención de Prusia, por lo general en las metrópolis fue persistente la resistencia a reconocer la importancia enorme de los pueblos coloniales y de su lucha por la soberanía o la autonomía.

 

El problema fue abordado por Franz Fanón en relación a ambas luchas. Si Marx se había referido al “subproletariado” o al “lumpen-proletariado” para señalar todas las barbaridades que los pobres entre los pobres y desarrapados cometían, y que eran un serio obstáculo para las luchas del proletariado y para que éste cumpliera con su misión histórica, Franz Fanón señaló que era necesario enmendar esa idea pues de los marginados y miserables surgían quienes tenían un arrojo y capacidad de lucha insuperables.  

 

La negativa a reconocer el problema de los pueblos coloniales, se dio también cuando en el 2º Congreso de la Tercera Internacional no se reconoció la categoría del “colonialismo interno” como si el colonialismo se atuviera a las fronteras internacionales. En la política de la URSS, sin embargo, hasta Breznev se llevó a cabo una política que cambió la relación de intercambio de Rusia con sus antiguas colonias e hizo que ésta les fuera favorable, y las subsidió en vez de explotarlas. Después de Breznev, el colonialismo interno regresó en esa y otras relaciones. Su regreso, en mucho coincidió con el regreso de la lucha de clases y con la acumulación primitiva a que abiertamente dio lugar la Restauración del capitalismo.

 

Otro caso, impresionante en el terreno de las luchas ideológicas autoritarias, es el de Mariátegui, que en sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana dedicó el primero de todos ellos a la presencia del indio en la lucha de clases del Perú y de otros países de Indoamérica, ante la consternación del partido a que pertenecía, que era el partido comunista reconocido por Moscú.

 

Esos y muchos ejemplos más pueden darse de las dificultades a que se ha enfrentado la explicación de la dialéctica de pueblos y de clases, sólo superada por las más recientes revoluciones y rebeliones, en particular las latinoamericanas, encabezadas por la de Cuba y la de los zapatistas. 

 

 

 

6. La dialéctica del sufrimiento.

 

 

 

            En el mundo actual hay una doble crisis del sentido de la historia. La crisis se da tanto en el sentido Progresista que pretendieron dar a la historia los ideólogos del capitalismo, como el sentido que el Marxismo encontró en la historia del porvenir. Hoy vemos que ninguna de esas tesis fue confirmada por “la historia realmente existente”.

 

            Los hechos nos muestran que la historia universal no va en el sentido de la Civilización, el Progreso, o el Desarrollo. También nos muestra que no va de la comunidad primitiva, al esclavismo, al feudalismo, al capitalismo, al socialismo y al comunismo. En esas condiciones, más que las tesis del “eterno retorno”, tan caras a los filósofos de la catástrofe, tienden a prevalecer, por un lado, las tesis de Darwin sobre la selección de “los mejores”, y por otro las que exaltan la excelencia de Euroamérica o de la Gran Patria, de los imperios de Occidente y de Oriente. Junto las exageraciones retóricas, prevalece una especie de filosofía cínica y conformista que con las más diversas expresiones culturales sostiene que “la vida es así”. Los más fuertes e inteligentes ganan y los menos dotados pierden. Es una ley de la naturaleza. Los ideólogos y líderes de Occidente siguen practicando los ritos de la democracia del más fuerte, y se dicen defensores de los “derechos del hombre” en los que se niegan a incluir los derechos sociales. Al mismo tiempo forjan todo género de conflictos terroristas y criminales y los atribuyen a delincuentes del orden común, ocultando que terrorismo y narcotráfico son parte de los múltiples negocios que manejan los grandes capitales. Contra todo sentido común ocultan también que terrorismo y narcotráfico serían impracticables si no contaran con la complicidad activa de los productores de armas y municiones, y con la inmensa red bancaria que es, la asociada y beneficiaria.

 

            A tamaños crímenes, el gran capital añade toda esa economía de la macro-corrupción, que no sólo se achaca a los enemigos y se tolera e impulsa entre los socios y los funcionarios venales, sino que en un doble discurso se combina con el culto a la Patria y la Democracia. En los hechos gobiernos y complejos acatan la argumentación de un Friedmann cuando sostiene que el verdadero deber social de un hombre de negocios es aumentar lo más que pueda las utilidades de sus empresas. Con increíble eficiencia ponen en el altar de los economistas a Friedmann y Hayeck y a otros ideólogos de las ciencias del saqueo.

 

            A tanta violencia conceptual, retórica y financiera no sólo añaden los peligros que corre la vida en la tierra por la explotación de los grandes empresarios que cavan su propia fosa –y la nuestra—sino los "servicios secretos" de inteligencia, intervención y desestabilización que socavan a pueblos y gobiernos insumisos, o a los que habiéndose sometido aún poseen riquezas que no les han entregado y que quieren. Sus métodos de información. contrainsurgencia y “globalización” han alcanzado un nivel sin precedente de que son ejemplo los “golpes de estado blandos” en que utilizan a su favor la lucha de clases integral para que los propios pueblos, o parte importante de ellos, vinculada a las burguesías, desestabilicen y derroquen a los gobernantes en turno sin necesidad de invasiones militares ni de golpes de estado al estilo antiguo.

 

            Es en este ambiente en el que los pueblos del mundo viven. Entre ellos se siguen dando sufrimientos diferenciados, que son mucho mayores para los pueblos coloniales y semi-coloniales y para los pobres y no tan pobres que viven en ellos. Millones son los que viven sufrimientos inenarrables.

 

            A la derrota de los proyectos históricos de revolución y liberación se añade la crisis persistente del capitalismo mundial, y la incontenible política de globalización, que cada vez más parece derivar en la formación de dos bloques, el de Occidente y el de Oriente. Los conflictos actuales y potenciales entre los mismos no sólo se atribuyen a acciones criminales de fanáticos “radicales” y de mentes con odios musulmanes –por ejemplo– sino a una maldad congénita, biológica, por naturaleza criminal.

 

            La dialéctica  del sufrimiento de los pueblos aparece en las catástrofes climáticas, en la polución y escasez del agua potable para más de 800 millones de personas, en los incendios de inmensas selvas, en la desaparición de especies que antes eran o proporcionaban alimentos; en la miseria en que viven  más de 800 millones que padecen desnutrición crónica; en las 8000 personas que mueren cada día de enfermedades curables; en las que sufren la amenaza de nuevas enfermedades y de virus artificiales como el ébola; en las casi 200 mil personas que mueren por exceso en el consumo de drogas; en los 300mil niños y niñas que están participando, a fuerza de latigazos, en las guerras; en el desplazamiento forzoso y la migración de más de 200 millones de seres humanos que con sus viejos padres y sus hijos  padecen hambres, fríos, falta de servicios higiénicos mínimos, y que no tienen ni la seguridad de hallar asilo, ni la de sobrevivir en el paso sobresaltado  de los vados,  ríos, mares y fronteras, con muchos de ellos  que en varias partes del mundo temen ser capturados y vendidos como esclavos, y otros a quienes quitan –estando vivos—sus órganos vitales para los grandes negocios de los hospitales de pacientes que  compran órganos que les servirá para seguir viviendo… ¿Y qué decir de la falta de derechos en tierra extraña, de la falta creciente y angustiosa de empleo, de la falta deliberada de educación para los niños y jóvenes…?   Expresar el dolor de los pueblos es difícil, y casi imposible que los lamentos y clamores tengan efectos que vayan más allá de acciones caritativas y humanitarias, que históricamente están asociadas con la persistencia y abundancia de la mendicidad.

 

            Pero el problema no queda allí. El problema se resuelve afirmando que “así es la vida”. Es más, el problema se olvida del todo en la cultura de los consumidores, de los festivales, de los placeres de lujo y en el divertido arte de gobernar y negociar.

 

 

 

7. La definición de los pueblos por los pueblos.

 

 

 

            La definición de la democracia con los conceptos, con las palabras, con los derechos y los hechos es motivo de la gran lucha humana. Como dice Wi Ching Woo en Monthly Review (vol.57, 2005): “No se puede construir el socialismo sin una democracia significativa”. (“One lesson seems particularly compelling: socialism without meaningful democracy is unfeasible”). Lo mismo puede afirmarse de la Independencia y la Liberación Nacional. Ya lo dijo Martí desde fines del siglo XIX: “La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos”. Y en nuestro tiempo lo aclaró Fidel Castro cuando precisó de qué pueblo hablamos. Su definición es teórica y prácticamente exacta: “Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta…,la que ansía las grandes transformaciones de todos los órdenes y está dispuesta a lograrlo, cuando cree en algo y con alguien, sobre todo cuando cree suficientemente en sí misma…Nosotros llamamos pueblo, si de lucha se trata a los 600 mil cubanos que están sin trabajo…a los 500mil obreros de campo que habitan en bohíos miserables; a los 400mil obreros industriales y braceros…cuyos salarios pasan de manos del patrón a las del garrotero…; a los 100mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre como Moisés a la Tierra Prometida….; a los 30milmaestros y profesores…; a los 20mil pequeños comerciantes abrumados de deudas…a los 10mil profesionales jóvenes, deseosos de lucha y plenos de esperanza…¡Ese es el pueblo!, el que sufre todas las desdichas y es por tanto capaz de pelear con todo el coraje!” A esa extraordinaria definición, años más tarde, los indios zapatistas del sureste mexicano añadieron un expresión concisa y coincidente, al referirse en sus discursos al “pueblo trabajador”.

 

Clase y pueblo luchan por su definición en la democracia. La bella palabra encierra un concepto ineludible para la emancipación humana–como se ha probado una y otra vez en el mundo entero-. Sujeta, como todas las grandes ideas, a la lucha por su definición, tanto en los conceptos, como en las palabras, en los derechos y las prácticas, su prometedor significado, que en griego demanda el poder (kratos) del pueblo (demos), fue y es motivo de grandes enfrentamientos. Estos se dan, en el entender y el hacer de los pueblos, dentro de los más variados modos de dominación y acumulación.

 

La lucha por la definición se apuntó desde los orígenes del concepto. Al pueblo no podían pertenecer los esclavos. Sólo los propietarios. Y Aristóteles aclaró que por “la mayoría que decide” no se debe entender “la multitud” por ningún motivo. Es ¨"la mayoría de los propietarios".

 

Fue así como del poder del pueblo –desde sus orígenes quedó excluido el pueblo trabajador en los conceptos, los derechos y los hechos.  Y fue así como empezó una rica y variada historia en que el pueblo trabajador sigue hasta hoy luchando por la democracia que tome en cuenta su parecer en la toma de decisiones que le conciernen como pueblo, como ciudadanía y como clase.

 

En la lucha por llevar a la práctica su propia definición se ha encontrado con la diferencia entre el poder del estado y el poder del gobierno, entre la conquista y la construcción, entre la teoría y práctica de uno y otro. Ha descubierto o va a descubrir los problemas que en todos esos terrenos enfrentan trabajadores, comunidades, ciudadanos y fuerzas de un estado nación, sujetos a corporaciones y complejos militares-empresariales-políticos y mediáticos a los que mueven como intereses y valores principales la acumulación de poder, riquezas y utilidades.

 

En todo lugar y momento el problema principal ha sido y es la concepción, construcción y lucha del pueblo trabajador por su propio poder, que hoy le plantea la posibilidad de combinar las viejas y nuevas formas de resistencia y lucha con una pedagogía y tecnología de redes presenciales y a distancia, que vinculen el conocimiento crítico y  creador con un sentido histórico en que el marxismo revolucionario de ayer y de allá y el de hoy y de aquí, con sus semejanzas y diferencias, enfrenten un problema constante: ni negarse a reconocer  las diferencias, pretendiendo ser fieles a un marxismo metafísico ni, con el pretexto de que las historias y las geografías de las luchas de liberación y de clases cambian y han cambiado, se caiga en revisionismos reformistas abocados al fracaso mientras el modo de dominación actual tenga como intereses y valores principales aumentar su poder y sus riquezas.

 

 

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